Quiero una igualdad total, económica, política, una democracia radical, es decir que yo pueda luchar por la igualdad…También la igualdad religiosa, es muy importante, hinduismo, budismo, cristianismo… …yo espero que las mujeres de América Latina, las mujeres pobres, negras, marginalizadas puedan reunirse con mujeres de otros continentes para que puedan ver que no estamos en una competencia, estamos juntas también con los hombres marginalizados…Yo quiero luchar con las mujeres que quieren resistir, analizar su situación, reflexionar sobre sus experiencias, su posición local, su posición social y así hacer una historia de transformación.” (Lieve Troch). En el año 1979, más de 180 países ratificaron la Convención para la Eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, declarando que los derechos humanos y las libertades fundamentales les pertenecen por igual a mujeres y hombres en el terreno político, económico, social, cultural, civil y en todos otros. Sin embargo, la realidad demuestra otra situación. A pesar de los intentos políticos por incorporar a la mujer en los diversos ámbitos de la sociedad, ellas siguen estando excluidas de la toma de decisiones políticas, continúan siendo violentadas y tienen poca cabida en los cargos públicos. En la teología, también están ausentes debido a que están supeditadas a las lógicas masculinas, quedando fuera desde siempre, a pesar de tener una presencia vital y en movimiento dentro de las iglesias y en las bases.
La exclusión de la mujer en la teología no es más que la consecuencia de su invisibilidad en otras áreas. Un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estimó que en Chile sólo un 20% de los cargos públicos es ocupado por mujeres. Ello, a pesar de tener a una Presidenta mujer. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), una de cada 5 empleados en el mundo es mujer, y dos de cada tres personas que trabaja sin sueldo en una actividad económica familiar, es una mujer.
Las cifras demuestran la exclusión evidente de la mujer en el mundo, algo que también se observa en el ámbito de la teología, un área en la cual el Centro Ecuménico Diego de Medellín (CEDM) se ha focalizado desde hace 20 años, a través de las Semanas Teológicas de las Mujeres, iniciativa apoyada por Mission 21 de Basilea. La Semana Teológica de las Mujeres fue el inicio de variadas actividades en torno al tema género y teología. Doris Muñoz, teóloga del CEDM y parte del equipo del área “Género y Teología”, comenta cómo se gestó la necesidad de impartir una formación teológica desde la mirada crítica de las mujeres. “Creamos este espacio, porque nos dimos cuenta que las mujeres cuando aprenden teología, lo hacen desde una mirada tradicional y masculina. Quisimos formar mujeres con un enfoque que partiera de la particular experiencia de las mujeres, que es distinta a la de los hombres, a la hora de educar, formar, empoderar, potenciar y generar una red de estudios teológicos. Nuestro fin era crear un espacio para que las mujeres tuvieran formación teológica, privilegiando las experiencias de ellas”, sostiene.
Con el correr del tiempo, la Semana Teológica de las Mujeres fue tomando colores propios y una fuerza potente entre las participantes, que vienen de distintos ámbitos, diversas regiones y que también cuenta con la participación de algunas representantes de organizaciones de mujeres de otros países de América Latina, que además representan a distintos credos religiosos. “La semana teológica es ecuménica, acá vienen mujeres católicas, laicas, religiosas, luteranas, pentecostales, metodistas…”, aclara Doris Muñoz.
La experiencia adquirida en dos décadas desarrollando esta actividad, ha hecho que el equipo de profesionales se haya ido especializando cada vez más en tópicos, metodologías y propuestas para fortalecer el trabajo teológico de las mujeres. El año pasado, lograron realizar un estudio para analizar las narraciones teológicas de las mujeres católicas en 10 países de América Latina y visibilizar los conceptos teológicos a los que adhieren, con el fin de generar algunos lineamientos que permitan fortalecer la teología feminista. Loreto Fernández, teóloga del CEDM y parte del equipo Teología y Género, quien además participó directamente de la investigación, detalla los nudos y dificultades que enfrentan las mujeres. “Se observa una necesidad de hacer verdaderamente teología feminista y no una mera producción de los ya conocidos relatos masculinos sobre Dios, la religión y lo sagrado. Se evidencia, además, la necesidad de incrementar la producción escrita de las teólogas del continente para salir de la premisa ‘somos pocas y escribimos poco’”, destaca Loreto.
Otras dificultades que esta investigación arrojó fue la débil presencia de redes entre las mujeres que trabajan en teología en los distintos ámbitos del quehacer y, las que aparecen son esporádicas. “¿Qué ha pasado con la incidencia pública de las mujeres en estos los espacios?, es la pregunta que surge, porque aparecen montones de experiencias fragmentadas que dan cuenta de la dificultad de transformar los vínculos en redes que puedan incidir en el espacio público”, destaca Doris Muñoz.
Un espacio donde respirar
Pero, por qué la necesidad de una mirada particular desde las mujeres en lo teológico, de intercambio y de formación al respecto. Loreto Fernández, quien además es una participante desde los años 90’ de la Semana Teológica de las Mujeres, observa este espacio como un lugar donde poder respirar. “Todas aquellas mujeres vinculadas a las Iglesias, que no nos sentimos a gusto, tenemos donde respirar. Este es un sitio de resistencia, desde un enfoque feminista, un concepto que está malamente satanizado en general, por las estructuras jerárquicas de las iglesias y mirado con sospecha inclusive por algunas mujeres”.
Para Doris Muñoz uno de los aspectos más importantes, que surge en el desarrollo de las Semanas Teológicas, es la posibilidad de intercambio entre mujeres, que parecieran muy distintas, pero que comparten temas transversales. “Cuando se sienta una religiosa con hábitos junto a una mujer Pentecostal que trabaja en las bases, lo primero que sucede es que se bajan los niveles de desconfianza, luego ellas se dan cuenta de que las temáticas les afectan a todas por igual y que tienen aspectos comunes que unen a mujeres que trabajan desde la academia, en las comunidades, dentro de las iglesias, etc.”, destaca.
La Semana Teológica de las Mujeres se ha transformado en un referente de intercambio para mujeres en Chile y en otros lugares de América Latina, que son invitadas a participar desarrollando temáticas fundamentales en el quehacer teológico de mujeres. El año pasado, se contó con la participación de la teóloga Lieve Troch, y, en años anteriores, se ha integrado reconocidas académicas como María Pilar Aquino, Elsa Támez, Mary J. Mananzan, Ivonne Guevara, quien marcó un hito en el año 1993, incorporando temas como la ecología y el feminismo, tópico del que apenas se hablaba en Chile.
“Para nosotros es fundamental seguir con este espacio de resistencia, porque a nivel del ámbito de las instituciones religiosas, todos los círculos se cierran y están masculinizados y jerarquizados. Además, la teología ha evidenciado un retroceso político. Hace 20 o 30 años atrás hablábamos de Teología de la Liberación, y hoy sólo se mantiene como espacio de resistencia. Lo que indica que lo que más prevalece es la teología dominante y conservadora”, dice Doris.
A partir de la Semanas Teológicas de las Mujeres, han surgido reflexiones más de fondo para abordar en forma sistemática la formación teológica, no tan sólo de mujeres sino también de hombres en búsqueda de enfoques más inclusivos en la teología y la espiritualidad. Por ello, el CEDM desarrolló una propuesta de trabajo más permanente que se ha expresado metodológicamente en una experiencia de “Escuela de Género y Teología” y, en el último trienal, en un Diplomado de teología y género, de nivel superior y reconocido por una institución académica. Esto ha permitido validar un saber acumulado de años de trabajo. Al mismo tiempo, se ha conformado una red de mujeres que permanentemente participan, ya sea formándose o gestando redes de mujeres que se vinculan en sus comunidades y que se animan a generar sus propios espacios.
La Semana se desarrolla una vez al año, generalmente en primavera. El equipo del CEDM hoy se encuentra coordinando las temáticas de trabajo que se analizarán para este 2010. Ello para que este grupo de mujeres pueda seguir respirando y entendiendo la teología desde las experiencias de las mujeres, derrumbando mitos y prejuicios al interior de las iglesias, y estableciendo espacios de resistencia al interior de las mismas. “Ojalá gestando las bases de un movimiento que revolucione el pensamiento dominante y conservador, que excluye a las mujeres, en todos los ámbitos de la cultura y del saber”, sostiene Doris Muñoz.



